Buscar
  • liz mesa

¿Ha pensado en el outsourcing como una opción para independizarse?

Hace casi un año y medio que empecé a trabajar para Tractocentro Colombia, empresa en la que, hasta el día de hoy, me sigo desempeñando como Comunicadora Corporativa.


Es curioso recordar que yo haya renunciado al segundo día de haber llegado a esta compañía, y que haya regresado a los dos días a pedir perdón y a pedir una nueva oportunidad. No saben cuánto agradezco hoy, haber vuelto y haber dado el sí a mi primer reto laboral. Hoy entiendo el por qué tuve que llegar a este lugar.


Desde que empecé a trabajar en esta organización, me puse un objetivo súper claro, un objetivo que veía alcanzable en un año. Me puse ese tiempo, un año.


En ese año quería conocer la empresa, sus marcas, su esencia, las dinámicas de su equipo de trabajo. Entender su cultura, su historia, sus dolencias, pero sobre todas las cosas: CONOCER A SU GENTE.


Me enfoqué en vivir ese proceso, me lo gocé y también aprendí muchísimo sobre inteligencia emocional. Uf. Un montón. Me le conocí los caprichos a casi todos, en especial a los asesores comerciales, algunos más adultos que otros, algunos más especiales en su manera de hacer las cosas; cada uno, todo un proyecto para mí.


En Tractocentro encontré a un gran equipo de trabajo, a grandes maestros, por supuesto, a grandes amigos, y lo mejor de todo: encontré una familia.


Pero entremos en materia y hablemos sobre lo que les quiero contar, sobre el objetivo.

El objetivo era básicamente pedirle a la empresa seguir trabajando para ella, pero bajo la figura de outsourcing, es decir, como Comunicadora Corporativa independiente. Trabajando por resultados y no por cumplimiento de horarios.


Como les mencioné anteriormente, yo planeé esto para que pasara en un año; todos los días lo pensaba, a veces me desesperaba un montón, pero llegó el momento y elegí un mes: octubre de 2019.


En ese mes pensé cada día cómo le iba a decir a mi jefe, qué le iba a decir, el tono, todo. Mis argumentos debían ser súper claros. Tenía que ser una propuesta gana-gana.


Entonces elegí un día, entré a su oficina, me senté y le empecé a hablar sobre mi proyecto con mis amigos, que para quienes no lo conozcan, se llama Única Comunidad -nos pueden encontrar en Instagram como @unicacomunidad-


-Pero continuemos- Yo me senté ahí, frente a él, me sentí en confianza y le empecé a contar sobre mis anhelos de poder manejar mi tiempo para estudiar, trabajar en otros proyectos, y para hacer cosas que yo siento que me enriquecen como persona y como profesional.


Me acuerdo que, ante cada pregunta suya, yo tenía una respuesta. Él me preguntaba una y otra vez que, si yo estaba segura de lo que estaba haciendo, y yo insistía que en que sí. Claramente yo sabía que me estaba arriesgando a que me despidieran, o a que me dijeran que no. Pero mágicamente nada de eso me estaba importando.


Él me decía: “Liz, pero si aquí te damos todos los permisos que necesitas” Y yo le decía que sí, y que le agradecía, pero que yo no quería los permisos que necesitaba, que yo quería más. Que yo sentía que quería trabajar por resultados, y que creía que mi proceso con la empresa me permitía pedir esta posición. Y no siendo más, me dijo las palabras más esperadas: “Ok, yo te voy a dar el outsourcing”.


Yo estaba básicamente transpirando jajajajajajajajaja, salté de emoción y choqué las cinco conmigo misma –ya se imaginarán cómo-. Me levanté y le di un abrazo; le agradecí, le agradecí mucho por esa oportunidad que me estaba dando.


Yo tenía muy claro que yo no quería y no podía renunciar, ¿por qué iba a renunciar a mi trabajo? Era más factible para mí, intentar tener a Tractocentro como mi cliente, trabajando como independiente. Era mi plan. Un plan que me acercaba de manera más estratégica a lo que siempre quise.


Todo esto no fue así tan fácil, ni de la noche a la mañana; tuve que esperar varios meses. Hubo algunos cambios, las cosas se tornaban lentas, y a veces llegué a pensar que ya no iba a ser posible. Pero insistí tanto, me moví tanto, y me empeñé tanto, que hoy puedo decir que ya es un hecho.


Este es un experimento que estoy haciendo. Es una buena manera –para mí- de dar el paso a la independización. Quería compartirlo porque no sé, tal vez esta anécdota pueda darles una idea a otras personas, que, como yo, siempre han querido administrar su tiempo, pero que les gusta su trabajo, que no lo quieren dejar, ni tampoco pueden darse el lujo de quedarse sin él.


No es necesario renunciar, pero sí es necesario empezar a manifestar eso que queremos, eso para lo que nos sentimos preparados. Empezar a hablarle a las empresas con claridad, con certeza, con honestidad. Hablarles de quiénes somos, de qué queremos, de qué podemos y ansiamos brindarles; y también, desde qué posición nos sentiríamos más potencializados, más creativos, más visionarios.


Para lograr esto, yo hice algunos movimientos que me parecían claves. Les voy a contar específicamente sobre dos:


1.Empecé a automatizar todos los procesos que me hacían sentir dependiente a la oficina. Y así, en todo el proceso de crear el área de comunicación y mercadeo, recopilé TODA la información comercial necesaria para el proceso de venta; elaboré un proyecto en Drive, capacité a los asesores y logré compilar todo el material comercial, para que ellos lo tuvieran a la mano las 24 horas del día, con el fin de que lograran atender a nuestro usuario de manera eficaz.


Así fue como automaticé el proceso de comunicación: comunicadora/asesor/cliente y lo convertí en: asesor/cliente.


Cuando logré hacer la implementación del proyecto, se sintió el cambio, se notó la facilidad y la independencia de los asesores comerciales, para hacer el respectivo contacto del cliente, de una manera más rápida y estandarizada.


2.También me pasé de casa, elegí una en la que pudiera tener mi oficina, me compré un escritorio y le abrí espacio a este deseo; todo con el fin de sentirlo de una forma más tangible. Ese fue mi regalo de fin de año: Mi espacio para crear. Un espacio que tiene lo clave para iniciar, pero que significa mucho para este nuevo comienzo.


Debo decir que, para pedir esta oportunidad, no solo se debe querer pedirla, también se debe sentir que uno la merece, y cuando digo merecer, es ser coherente con lo que uno ha ofrecido a la compañía, con lo que quiere seguir brindando, y lo más importante, con el compromiso y la responsabilidad que está dispuesto a asumir.


Esta semana la mamá de una amiga me preguntó: “¿Y a qué horas te estás despertando? Cuéntanos la verdad”. Yo le respondí que aún más temprano. Ahora no solo tengo que garantizarle mi trabajo a una empresa, sino que, además, tengo la responsabilidad más grande: la responsabilidad conmigo misma.


Todos sabemos que la responsabilidad con uno mismo, es imposible de engañar. Es ahí donde de verdad entiendo que, cuando nadie nos está observando, es cuando nos conocemos y sabemos de lo que somos capaces. No hay mejor prueba que esa.


Y bueno, esta es mi experiencia resumida. Hoy puedo decir que ha valido la pena este proceso. Hoy me siento muy a gusto de moverme de mi zona de confort, de no querer enseñarme a recibir una prima y unas prestaciones que me generan mucha estabilidad, pero que tal vez, en este momento de mi vida, no me van a permitir explotar todo lo que siento que tengo por dar desde la posición que quiero.


Repito que esto me lo tomo como un experimento, estoy explorando esta parte de mí, que me mueve, que me habla al oído, que me seduce y que me convenció de seguirla.

No importa lo que pase de ahora en adelante, estoy alerta y atenta, dispuesta a vivirme el hoy; gozándome cada paso del camino, cada proyecto, cada persona que se me cruce, cada maestro que me mande la vida. Cada enseñanza.


Hoy es esto, mañana puede ser otra cosa, volver a una empresa, no sé, la vida es eso, supongo. No voy a bajar la guardia.


Esta semana me he dado cuenta de que tal vez el outsourcing podría ser una gran estrategia para las empresas; porque si antes me sentía productiva, ahora me siento el doble. Quiero ser muy inmediata con mis respuestas, quiero que me sientan cerca y que entiendan que estoy, que todo sigue siendo igual. Solo que ya no estaré desde su escritorio, si no desde el mío, o desde donde sea que esté.


Entonces ahora soy Liz, la Comunicadora Corporativa independiente, y puedo decir que mi primer empleador, se convirtió en mi cliente. Y que seguiré trabajando en lo que me gusta, porque entendí que simplemente tenía que manifestar lo que quería.


Esto realmente me hace feliz. Esta es la vida que me estoy diseñando, la que me permite sentirme como mi cómplice. La que quiero contar cuando sea viejita, en caso de que alcance a llegar.


PD: Intenten hacer eso que siempre han querido, uno de verdad no sabe lo que se puede esperar, pero tal vez sea un SÍ.


No les estoy diciendo que vayan y pidan el outsourcing en sus trabajos, o sí, háganlo si de verdad lo quieren. Pero más allá de eso, solo quiero que tomen de aquí lo que les pueda servir. Hablen sin miedo con sus jefes, o con medio y todo, pero cuéntenles sus sueños, lo que los mueve, muéstrenles su esencia. Ellos también son humanos, algunos tienen hijos, algunos muchas veces se sienten muy identificados con nosotros.


No nos quedemos quietos, estancados, ni abrumados por la estabilidad que nos pintan socialmente, por lo que “deberíamos hacer”. Tal vez eso no nos funciona a todos.

Sin más que decir, con pena me despido y con pena volveré.


PD 2: Sigan a Única Comunidad en Instagram –Detrás de ese proyecto, hay gente calidosa-.


¡Gracias por leer!


148 vistas
This site was designed with the
.com
website builder. Create your website today.
Start Now